COVID-19 y obesidad son las dos grandes pandemias del momento.

Ambas se retroalimentan: las personas que sufren COVID-19 y son obesas tienen peor pronóstico que aquellas que tienen normopeso.

 

La prevalencia de obesidad en sujetos con presentaciones leves es del 14.5%, de un 40% en sujetos infectados por SARS-COV2 con ingreso hospitalario y de un 47% entre los sujetos ingresados en UCI.

 

Además, se ha comprobado que al aumentar el grado de obesidad se empobrece también el pronóstico; en sujetos con obesidades extremas (imc>40kg/m2) su evolución es peor incluso en sujetos jóvenes. La obesidad, por tanto, se ha postulado como la comorbilidad que más fuertemente se asocia con enfermedad severa por SARS-COV2, incluso mayor que la enfermedad cardiovascular o pulmonar.

 

Por lo tanto, igual que el uso de mascarillas, el lavado de manos o el distanciamiento social, mantener un peso adecuado contribuirá de una forma importante al control de esta pandemia y a limitar sus efectos deletéreos.

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