Los niños y el duelo, ¿Cómo ayudar a un niño a afrontar la muerte de un ser querido?

Morir es inevitable, pero en circunstancias como las que estamos viviendo, en las que de un día para otro, muchos niños pierden a sus padres o abuelitos sin poder despedirse de ellos ni comprender cómo sucedió, muchas personas, pierden a un ser querido, con el temor enorme y fundamentado de poder ser el siguiente debido al coronavirus, Grupo Gayosso, la empresa líder en la prestación de servicios funerarios en México comparte información de valor en su blog realizado por el grupo de especialistas en tanatología de su programa Tiempo y Vida, donde se abordan temas relevantes para llevar un proceso de duelo, en esta ocasión sobre como abordar la partida de un ser querido con los niños.
 

 

“Ahora en la situación que estamos viviendo por el COVID 19 y el alto riesgo que existe de perder a un ser querido por esta pandemia, es responsabilidad del adulto que está bajo el cuidado de niños y niñas, guiar y acompañar en los buenos y malos momentos de la vida.

 

Sin embargo, en un intento por protegerlos de toda situación peligrosa o dolorosa callamos y los alejamos con la idea de que somos capaces de ahorrarles el sufrimiento, perdiendo de vista que este tipo de eventos fomentan en el pequeño el desarrollo de habilidades y herramientas necesarias e indispensables para afrontar las adversidades”, comentó la especialista Anahí Polo, coordinadora del programa de Tanatología en Grupo Gayosso.
 
Dadas las necesidades que el equipo de Tanatólogos de Gayosso ha detectado en torno a este tema no hay la suficiente atención a este proceso en los niños, por ello se comparten 5 puntos importantes a considerar en el acompañamiento y abordaje del niño en duelo:
 

 1.- Es importante hablar de lo que sucedió. -Es común que el adulto no esté preparado o no tenga conocimientos suficientes que le permitan hablar libremente de lo que sucedió, pero debemos entender que el niño se enfrenta a múltiples cuestionamientos que son resultado de la confusión que genera la muerte en su nivel de pensamiento.
La comunicación asertiva usando un lenguaje claro y sencillo es la manera en como el adulto debe responder a las diversas preguntas que el pequeño realice: ¿a dónde se fue?, ¿cuándo volverá?, ¿por qué no me llevo?, ¿hice algo para que se fuera?, ¿ya no quería estar conmigo?, ¿me pasará también a mí?, ¿ahora quién me cuidará?, etc. siendo totalmente sincero en las respuestas ya que hasta aproximadamente los 5 años, la muerte no es considerada como un evento definitivo sino que se le asocia con el quedarse dormido además de que mediante el “pensamiento mágico” se generan ciertas culpas en donde suelen atribuirse lo sucedido.
Ante esta situación el adulto debe ser paciente y estar dispuesto a responder los constantes cuestionamientos, pero además deberá explicar lo que implica está pérdida en la familia. De esto dependerá la forma en que el pequeño experimente su primer duelo y las asociaciones que genere sobre el afrontamiento de la muerte y la pérdida.

 

2.- Los niños no reaccionan al Duelo como los adultos.- La desinformación y el temor que el adulto tenga sobre los temas de muerte pueden influir en la percepción de las manifestaciones del duelo en los niños, es común que los subestimemos creyendo que no se dan cuenta de lo que sucede y que aun no son capaces de entender la situación.
Es más frecuente que los pequeños expresen su tristeza con el comportamiento que mediante el lenguaje (como normalmente el adulto lo hace); cambios de humor o de conducta, alteraciones en el sueño y la alimentación, así como la disminución en el rendimiento escolar son algunas de las manifestaciones que se presentan en el duelo infantil.


3.- Valida sus emociones y sentimientos.- El llanto, ansiedad, irritabilidad, protestas y rabietas son conductas que pueden manifestarse en el pequeño.  Aunque también, la ira se puede presentar en pesadillas, juegos y acciones violentas hacía otros miembros de la familia o compañeros de escuela.
Lo anterior es propio de las alteraciones emocionales del duelo en el niño y no solo de berrinches o malas conductas, como se les pudieran denominar.
El adulto que lo acompaña tiene la responsabilidad de mostrar interés en lo que sucede con él y no solo reprenderlo por no estar de acuerdo o por perder la paciencia ante dicho comportamiento.
La tristeza, el miedo y el enojo son emociones que hemos identificado como malas. Creemos erróneamente que, al alejarlos de ellas, sin explicarles lo que sucede, podemos evitarles “sufrimientos innecesarios” pues pensamos que lo vivirán con la misma intensidad que los adultos.
Los niños tienen el derecho de sentir y expresar sus emociones de diferente manera, los adultos debemos orientarlos a identificarlas y enseñarles la función de cada una.

 


4. Preservar la memoria y permitirle despedirse.- Hablar sobre lo que el ser querido representaba y sobre cómo se honrará el recuerdo, definir en la medida de lo posible cuándo se realizaran las visitas al cementerio, cómo se van a conmemorar las fechas más representativas, tales como el cumpleaños, el aniversario luctuoso, qué homenajes o rituales realizarán de acuerdo a las costumbres de cada familia son actividades que el niño puede realizar siempre y cuando este acompañado por un adulto que lo guie y lo contenga.
Hacerlos participes en rituales como funerales (o en esta sitación poder realizar un rito posterior de despedida) brinda a los pequeños, así como a toda la familia, la posibilidad de despedirse y contribuye a la asimilación de la realidad que viven. En este punto es importante considerar la decisión que el pequeño tenga de participar, por ello es necesario explicar qué implica este tipo de eventos (ver personas tristes, llorando, en crisis o en total silencio) para no generarle un recuerdo aversivo de lo que es un funeral.

 

5.- Los derechos de los niños en el duelo.- Dentro del afrontamiento de la pérdida el adulto debe entender que el niño tiene derecho a sentir y expresar conforme lo este viviendo y no como el adulto desea que lo manifieste.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El niño tiene derecho a:

  1. Tener sus propias emociones y sentimientos hacía la muerte.

  2. Buscar hablar de lo que sucedió, con el fin de resolver sus dudas y sentirse escuchado.

  3. Recibir respuestas honestas que hablen de lo que sucedió.

  4. Mostrar sus sentimientos. Y es que el niño probablemente tenga ganas de salir a jugar, cantar o reír mientras los adultos pasen por una tristeza profunda, esto no los convierte en insensibles y tampoco son malos niños si en su enojo (por no comprender lo que sucede) hacen rabietas.

  5. Tener apoyo, guía y acompañamiento de los adultos que estén a cargo de él.

  6. Poder recordar y honrar el recuerdo del ser querido que murió.

Los adultos somos referentes de los pequeños que comienzan a construir su idea de la vida (y la muerte) seamos responsables al momento de acompañarlos. Para facilitar un poco el acercamiento con sus pequeños, les compartimos bibliografía y materia visual que pueden les pueden ser de apoyo:
 
LIBROS

  • Recuerda el secreto. Elisabeth Kübler Ross. Ed. Luciérnaga.

  • Caracoles, pendientes y mariposas. Blanca Alvarez. Ed. Edelvives

  • Osito y su abuelo. Nigel Gray y Vanessa Cabban. Ed. Timun Mas. (lo encuentran en audio en YouTube)

  • Soy la Muerte. Elisabeth Helland. Ed. Barbara Fiore

  • Soy la Vida. Elisabeth Helland. Ed. Barbara Fiore

  • El pato y la muerte. Wolf Erlbruch. Ed. Barbara Fiore (lo encuentran en corto animado en YouTube)

 

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