El jabón, héroe activo en la contingencia de Covid 19

La alarma provocada por el coronavirus ha puesto de relieve la importancia que tiene lavarse las manos habitualmente, no solo para mantener unos hábitos mínimos de higiene, sino también para prevenir ciertas enfermedades de fácil transmisión originadas por virus y bacterias.

 

Para entender su importancia, hay que tomar en cuenta que nuestras manos son un paraíso receptor para todo tipo de microorganismos: ya sean bacterias, virus u hongos, que suelen instalarse en ellas con relativa facilidad, al estar en contacto con todas las superficies y elementos del medio ambiente.

 

Con las manos lo tocamos todo, convirtiéndose en un agente de transmisión de primer orden, máxime si tenemos en cuenta que, a diferencia de las superficies y los objetos, se trata de una superficie caliente y húmeda, con restos de sudor y de descamaciones de la piel que actúan como un imán para todo tipo de microorganismos, incluso en lugares de apariencia inocua.

 

Al tocar cualquier cosa, se queda la conocida como ‘huella microbiana’, un rastro que contamina a la siguiente persona que tocamos, lo cual contribuye a multiplicar exponencialmente el potencial de los microorganismos.

 

Por este motivo, cada vez que no nos lavamos las manos estamos potenciando la contaminación microbiana. Es como dar vía libre a un agente infeccioso para que se desarrolle y transmita a sus anchas sin encontrar barrera alguna.

 

Por supuesto, para acabar con los gérmenes debemos usar algo más que agua.

 

En este caso, el mejor aliado es el jabón, un producto que ha ayudado a combatir de las enfermedades desde los tiempos del Antiguo Egipto y cuya receta ha cambiado poco desde entonces: una solución soluble al agua compuesta por la combinación de un álcali (un compuesto soluble producido a partir de metales alcalinos) con los ácidos del aceite u otro cuerpo graso.

 

Se cree que  el jabón se inventó hace unos tres mil años y desde entonces ha pasado por un sinfín de formas y sustancias para producirlo, pero sin perder los elementos básicos para su elaboración. Su nombre viene de la palabra inglesa “soap” que proviene de la palabra latina grasa o sebo.

 

La fabricación de jabón siguió siendo un arte relativamente primitivo y reducido hasta el siglo XVIII, cuando fueron desarrolladas técnicas que proporcionaron un jabón más puro y cambió la conciencia de la gente sobre la importancia de la higiene. 

 

Al tocar algo, los gérmenes se adhieren a los aceites y las grasas de las manos, que no pueden desaparecer solo con agua. Sin embargo, al lavarnos con jabón, las moléculas de este componente actúan como una suerte de ‘mediador’ entre el agua y el aceite. Al enjuagarnos, el aceite acoplado a los microorganismos acaba desapareciendo con ayuda del agua.

 

Además, los hallazgos de Luis Pasteur demostraron que el aseo personal reduce la expansión de enfermedades. Todo esto permitió importantes avances y la profesionalización de la fabricación y expansión de jabón.

 

Sin importar cómo ocurrió, el antiguo descubrimiento del jabón cambió la historia humana y aunque nuestros ancestros no pudieron haberlo previsto, el jabón se convertiría a la larga en una de nuestras defensas más efectivas contra los patógenos invisibles.

 

Generalmente, las personas piensan en el jabón como algo suave y relajante, pero desde la perspectiva de los microorganismos, es extremadamente destructivo.

 

Una gota de jabón común diluida en agua es suficiente para romper y matar a muchos tipos de bacterias y virus, incluyendo al nuevo coronavirus que actualmente se propaga alrededor del mundo.

 

¿Pero por qué? El secreto del impresionante poder del jabón es su estructura híbrida.

 

El jabón está hecho de moléculas en forma de alfiler, cada una de las cuales tiene una cabeza hidrofílica —se enlaza fácilmente con agua— y una cola hidrofóbica, que evade el agua y prefiere vincularse con aceites y grasas.

 

Estas moléculas, cuando están suspendidas en el agua, flotan de manera alterna como unidades solitarias, interactúan con otras moléculas en la solución y se ensamblan a sí mismas en pequeñas burbujas llamadas micelas, con cabezas que apuntan hacia afuera y colas que permanecen en el interior.

 

Algunas bacterias y virus tienen membranas lipídicas que asemejan micelas de doble capa con dos bandas de colas hidrofóbicas intercaladas entre dos anillos de cabezas hidrofílicas.

 

Estas membranas están cubiertas con proteínas importantes que permiten a los virus infectar a las células y desempeñar tareas vitales que mantienen vivas a las bacterias.

 

Los microorganismos patógenos envueltos en membranas lipídicas incluyen a los coronavirus, el VIH, así como a los virus que causan hepatitis B y C, herpes, Ébola, zika, dengue, así como a numerosas bacterias que atacan los intestinos y el tracto respiratorio.

 

Para deshacerse de todas esas grasas y microorganismos es necesario tomarse su tiempo y ser minucioso. Según los Centros para el control y la Prevención de las enfermedades (CDC), es necesario dedicarle al lavado de manos al menos durante 20 segundos, sin dejar ningún rincón de la piel sin fregar, con especial cuidado a las uñas, los nudillos y las separaciones entre los dedos y la palma de las manos.

 

Como explica Pall Trordarson, químico de la australiana Universidad New South Wales, los virus están formados de material genético (ARN), unas proteínas externas que les sirven para anclarse a las células humanas (entre otras cosas) y una envoltura de grasa, una membrana) que lo protege todo tanto y que ayuda al virus a propagarse e invadir nuevas células.

 

“El jabón disuelve la membrana lipídica y el virus se desmorona como un castillo de naipes y “muere”, o más bien, deberíamos decir que se vuelve inactivo ya que los virus no están realmente vivos”.

 

De hecho, según apunta el científico, los desinfectantes, geles, cremas… que contienen alcohol tienen efectos similares, pero en realidad no son tan buenos como el jabón normal. Esencialmente, como apunta Thordarson, “el jabón efectivamente “disuelve” el pegamento que mantiene unido al virus”.

 

Así que recuérdalo, no solamente para evitar el contagio del Coronavirus en estos momentos, sino porque siempre debes lavarte las manos usando jabón, así estarás evitando la transmisión de muchos microorganismos que causan enfermedades y no solamente hacia las demás personas, sino hacia ti mismo, si llegas a tocar tus ojos, boca y nariz sin tenerlas limpias, ya que estas son partes del cuerpo muy propicias para la entrada de huéspedes indeseables y de muchas enfermedades.

 

Fuente: National Geographic,

 

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