Jojo Rabbit, película de FOX Searchlight nominada a 6 premios Oscar

Nominada a seis Premios Oscar, incluido Mejor Película y Mejor Actriz de Reparto por Scarlett Johansson

 

 

En un foro justo a las afueras de Praga, en la República Checa, en una instalación que hace mucho tiempo fue utilizada por el partido nazi para hacer películas de propaganda, un neozelandés vestido como Adolfo Hitler está a toda marcha, dando un discurso volátil que tiene fascinado al set de la película.

 

Este es Taika Waititi, interpretando al líder nazi como el amigo imaginario de un niño de diez años de edad, pero hay algo distinto acerca del vituperio que está diciendo una toma tras otra. En un momento, repentinamente, el Hitler imaginario de Waititi da un giro de 180º y comienza una diatriba contra las zarigüeyas. No está en el guion; un momento espontáneo de improvisación Waititiana que se repite una y otra vez con cada toma nueva.

 

“Está dando todo de sí”, indica su coestrella Thomasin McKenzie. “Pateando y gritando”. Este es el mundo de JOJO RABBIT, de Waititi, una “sátira anti odio” hilarante y sentida que perfora las creencias perversas que provocaron la Segunda Guerra Mundial, mientras que, al mismo tiempo, narra con profunda humanidad una historia acerca de las víctimas de ese conflicto. Pero, por ahora, Waititi sólo está batallando por apegarse a su discurso.

 

“Es uno de los problemas de dirigir y también estar en mis películas”, suspira con una sonrisa en un descanso del rodaje. “Con ésta, siempre se me olvida cuán grande es el papel y todos los monólogos que escribí para mí”.

 

No obstante, lo hubiera hecho de cualquier forma. “La mejor manera de asegurarte un gran papel es volverte el director”, bromea.

 

Lo que JOJO RABBIT pasó a convertirse comenzó una década antes, cuando la madre de Waititi le llamó para platicarle de un libro que había leído, CAGING SKIES, de la autora Christine Leunens. “La manera en cómo me lo describió, se sentía como algo que podía ser cinematográfico y tenía el potencial de ser una buena película”, recuerda Waititi. “Fui y leí el libro, y, además de ser muy bueno, contaba con muchos elementos grandiosos. Pero creo que a final de cuentas la visión de mi mamá del libro —su recuento de la historia— inspiró algo muy distinto en mi mente”.

 

La película que visualizó a la manera en como su madre recapituló su experiencia con el libro, es, entonces, un híbrido entre el texto de origen de Leunens y la singular visión de Waititi. Si bien el libro sigue la historia de un chico miembro de la Juventud de Hitler —Jojo Betzler— conforme descubre que su madre está albergando en su ático a Elsa, una chica judía, para mantenerla a salvo del Holocausto, para la película, Waititi agregó a Hitler como el mejor amigo imaginario de Jojo, y aplicó su propio tono cómico.

 

Y aunque quizás y esté en una escala más íntima que la última película de Waititi —su primera incursión en el universo de Marvel con THOR: RAGNAROK—, la película refleja la temática que Waititi ha estado examinando toda su carrera como director. En películas como BOY y HUNT FOR THE WILDER PEOPLE, Waititi ha proyectado su mirada en la infancia y en la manera en la que la inocencia puede ser robada —o rechazada absolutamente— por los adultos. “Sus películas, creo, les recuerdan a los adultos lo que se sentía ver el mundo a través de los ojos de un niño”, comenta Neal. “Con frecuencia quiere que pensemos cómo estamos criando a los niños, y en el mundo en el que lo estamos haciendo”.

 

Jojo representa una experiencia común para niños criados bajo el régimen nazi. Cree en la ideología nazi, porque eso es lo que los adultos a su alrededor le dicen que tiene que creer. “Había entre 8 y 9 millones de ellos que fueron adoctrinados en este tipo de mundo”, comenta Neal. “Esa es la razón por la cual estamos haciendo la película. Por toda la locura de la comedia, es horrible pensar que a estos niños inocentes les apasionaba algo que estaba completamente mal y equivocado”.

 

“Les arrebataron su inocencia”, confirma Waititi. “Les arrancaron su habilidad de sólo ser niños. Fueron alentados a estar en contra de sus padres —rechazarlos, de hecho, si éstos decían algo negativo acerca del partido. Fueron exhortados a delatarlos. Les decían, ‘Hitler es tu verdadero padre y, diga lo que diga, tienes que escucharlo”.

 

Continúa: “Sí, es aterrador. Pero también es trágico y desgarrador. Tan sólo pensar que una de mis hijas vaya a uno de esos programas y no me haga caso, o no me quiera, y que prefiera a alguien más sobre mí…debe ser devastador. Y es muy aterrador. Así que, para mí, no me parece que sea tan sencillo como, ‘Bueno, eran nazis que creían en la ideología’. Eran niños”.

 

La película de Waititi irradia calidez y corazón, además de comedia. Describe su producción como un “drama con chistes”, en vez de una comedia absoluta. “No me gustaría hacer comedia sin que tuviera un significado. Sin lugar a duda, abordo muchos de los mismos temas en mis películas. Niños que no tienen padres. Creo que a lo que has hecho alusión es que estoy interesado en intentar regresar a mi infancia. Recobrar esa inocencia y sólo intentar obtener un entendimiento saludable de ello”.

 

Dado que la película iba a descansar sobre los hombros de Jojo, un niño de diez años, encontrar al chico correcto para interpretar el papel fue clave para hacer que JOJO RABBIT funcionara. La producción peinó el mundo, buscando niños en el Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia. “Fue interesante porque nos dimos cuenta que los niños británicos, neozelandeses y australianos tenían una sensibilidad distinta a la de los niños de Norteamérica”, indica Neal.

 

A la postre, la producción daría con Roman Griffin Davis, un niño británico que vivía en Los Ángeles con sus padres. Cuando escuchó de la audiencia para JOJO RABBIT, lo dice mientras ríe, su imagen del proyecto era muy distinta a la realidad. “Al principio, pensé que era como un tipo de secuela de PETER RABBIT”, Griffin Davis recuerda. “Quizás Peter había encontrado a su primo perdido desde hace mucho tiempo o algo así”.

 

Pero, desde ese primer encuentro, todos en la producción sintieron que quizás Griffin Davis era la elección correcta. “Tenía un gran rango y fuerza intrínsecos”, recuerda Neal. “Parecía que podía ser capaz de ir a lugares distintos de una manera muy fácil. Cuando fuimos a conocerlo, tuvimos una sesión de casting de 45 minutos y nunca dejó de ver a Taika. Estaba muy concentrado y comprometido, y eso me pareció muy impresionante; que un niño de su edad pudiera ser capaz de hacer eso”.

“Roman es jodidamente sensacional”, comenta Waititi. “Es muy inteligente, muy sensible y también muy empático con los personajes que lo rodean. Siempre está haciendo preguntas, y siempre está intentando descifrar qué les está pasando a esos personajes, y cómo eso se relaciona con lo que le está pasando a él. Para que un actor llegue a hacer eso, se requiere de mucha madurez, pero que un actor de diez años de edad esté pensando en eso, es algo verdaderamente fenomenal”.

 

“Mi madre cree que Taika me dio el papel porque tenemos el mismo corte de pelo”, bromea Griffin Davis. “Eso ayudó. Taika y yo nos llevamos de maravilla. Tiene un sentido del humor único e interesante. Y su guion era asombroso, por lo que hizo la mayor parte de mi trabajo. Eso me dio tranquilidad, ya que el guion hablaba por sí solo”.

 

Rachel House, una colaboradora frecuente de Waititi, quien aparece en pantalla, por ejemplo, en HUNT FOR THE WILDER PEOPLE, ayudó todavía más a Griffin Davis, toda vez que preparó al actor para sus escenas. “Ella merece cualquier cantidad de crédito”, comenta con modestia Griffin Davis. “Antes de iniciar el rodaje, estuvimos juntos dos semanas y ella me enseñó a actuar. También estuvo conmigo en el set, donde repasábamos los diálogos y hablábamos de las emociones”.

 

“Ha crecido a lo largo del rodaje”, comenta Neal. “Y no sólo como intérprete —ya va en su tercer par de zapatos, ya que también está creciendo físicamente. Puedes ver que Rachel lo ha ido mejorando cada vez más”.

 

Una consecuencia de seguir la perspectiva de un niño de diez años, quien cree, al menos en un inicio, que está viviendo en medio de una era próspera en la historia de su país, es que JOJO RABBIT fue diseñada para verse muy distinta a los trabajos que le han precedido. “No quería hacer una película de la Segunda Guerra Mundial como cualquier otra que haya visto antes”, comenta Waititi.

 

“La clave para las imágenes era que todo en la película se viera desde el punto de vista de un completo inocente”, indica el diseñador de vestuario Mayes C. Rubeo, quien se reúne con Waititi después de haber colaborado en THOR: RAGNAROK. “Recuerdo nuestras infancias como un lugar lleno de colores, y así fue como la abordamos”.

 

Otro colaborador frecuente de Waititi, el diseñador de producción Ra Vincent (WHAT WE DO IN THE SHADOWS, THOR: RAGNAROK), concuerda, “Hablamos acerca de la vitalidad del mundo que queríamos crear. Me gustaba la idea de que podíamos experimentar con la época y prescindir del pietaje histórico desaturado que estamos acostumbrados a ver, o de cómo el periodo ha sido representado antes. La cosa acerca de esa era en Europa fue que era súper estilizada”.

 

La decisión que tomó la producción de instalarse en la República Checa probó ser fortuita, siente Vincent, para capturar la época. “Viajamos por la República Checa en diversas ocasiones sólo para intentar entretejer suficientes momentos visuales para recrear la historia y hacer que se sintiera como un todo”, comenta Vincent. “Me parece que ha transformado la película en algo mucho más grande y cinematográfico”.

 

Dos pueblos interpretan el poblado al que la familia Betzler le llama casa. “Uno, para establecer el hogar de Jojo en una calle muy linda, y el otro, para hacer las veces de la plaza pública más grande”, explica Vincent. El mismísimo hogar de los Betzler también refleja las actitudes artísticas y bohemias de Rosie, madre de Jojo, interpretada por Scarlett Johansson. “La forma de vida de la familia Betzler debió de haber sido refinada”, se imaginó Vincent. “Eran personas elegantes. No había razón alguna de que no hayan vivido en una casa barroca y adosada, y que hayan arreglado el edificio a su propio estilo”.

 

“Rosie era una artista del teatro”, concuerda Rubeo en cuanto a cómo diseño el guardarropa de la matriarca Betzler. “Eran pudientes antes de la guerra, así que la estética es importante para ella. Es una mujer leída, que ha viajado mucho y extrovertida”.

 

“Es una intérprete innata”, explica Waititi. “Es bailarina, artista y una persona genuinamente boba. Está haciendo mucho para que su hijo no pierda la inocencia, y para alentarlo a ser niño; que sea tonto, insulso y que se ría”.

 

Rubeo añade: “Todos estos ingredientes son una parte fundamental de su apariencia, porque una persona así no puede ser tímida”.

 

Rosie es responsable del optimismo bajo el cual Jojo ve el mundo, aunque no por la ideología que le han inculcado. “Su perspectiva del mundo es una de color de rosa”, comenta Vincent. “Nuestra historia hace una curva una vez que llegamos al invierno, y nuestros colores se vuelven más desaturados durante los momentos más oscuros”.

 

El optimismo de esta visión del mundo contrasta con la realidad a la que Jojo se enfrenta cuando se topa con Elsa. “Ella tenía que ser diferente porque ha tenido un viaje difícil para llegar a la casa de Rosie”, indica Rubeo.

 

El otro elemento clave para conformar el reparto del filme recaía en encontrar a la actriz correcta para interpretar a Elsa —la chica judía albergada en el ático— al lado de Griffin Davis en su papel de Jojo. LEAVE NO TRACE, de Debra Granik, se había estrenado en el Festival de Cine de Sundance a principios del año en el que se filmó JOJO RABBIT, y le sirvió para presentarle al mundo los talentos extraordinarios de la actriz neozelandesa Thomasin McKenzie, una chica de diecinueve años. Waititi señala con ironía: “Es como un extraterrestre, traído a este planeta para enseñarnos a actuar”.

 

“Thomasin le aporta un drama e intensidad genuinos a la película”, comenta Neal. “Muchas cosas están pasando. Jojo y Rosie están al centro del filme, pero después tienes a Elsa, quien contribuye con el drama”.

 

“De hecho, Thomasin era la persona con la que hice mi primera escena profesional”, recuerda Griffin Davis. “Es simplemente maravillosa. Es un poco más grande que yo, pero no mucho, y era la que más se acercaba a mi edad, así que fue muy interesante ver cómo trabajaba”.

 

McKenzie reaccionó de inmediato ante el guion de Waititi (dice que el director es “un poco como la realeza de Nueva Zelanda”) y el aprieto que Elsa estaba sufriendo. “Para mí, Elsa es una víctima, desde luego, porque tiene que pasar por muchas cosas horribles en una época muy atroz y aterradora, pero se mantiene fiel a sí misma de una manera íntegra”, explica McKenzie. “Es fuerte y tiene seguridad en sí misma. Es ingeniosa y divertida, y se rehúsa a ser sólo una víctima. No es para nada como los nazis la ven. Así que fue su confianza en sí misma, y el hecho de que no está dispuesta a soportar estupideces de nadie, lo que me encantó acerca de ella”.

 

El pequeño sótano de poca altura al que Elsa le llama hogar es quizás el lugar más perturbador de los sets y locaciones de JOJO RABBIT. Y, no obstante, el set contaba una historia acerca de cómo era Elsa como persona y de cuánto esfuerzo invirtió Rosie para hacerle un hogar. “Ha dedicado su vida a esta causa”, dice Vincent de la resistencia de Rosie. “Quizás y Elsa no sea la primera persona que ha escondido. Rosie quiere hacer la existencia de esta desafortunada chica lo más cómoda posible”. El espacio está plagado, dice Vincent, “de objetos que Jojo no se daría cuenta que han desaparecido de la casa. En ese sentido, ahí también estamos contando una historia conceptual”.

 

Otro elemento del diseño que se apegó a los hechos históricos fueron los uniformes nazis y de la Juventud de Hitler que el reparto utilizó.  “Teníamos las referencias y necesitábamos ser precisos en ese sentido”, indica Rubeo. “Hay muchas personas allá afuera que saben”.

 

Rubeo y su equipo diseñaron tres apariencias distintas para el Hitler imaginario de Waititi. La primera fue Hitler en su punto más “encantador y elocuente”, comenta Rubeo, cuando está adoctrinando a un Jojo muy crédulo. Una vez que ha forjado ese nivel de compromiso, usa, “el uniforme más oficial que Hitler jamás haya portado, casi su traje de gala más completo”, agrega Rubeo. Finalmente, una vez que Jojo conoce mejor a Elsa, y ve el daño provocado por el tercer Reich, el atuendo de Hitler comienza a despedazarse. Es el momento de la caída del Hitler imaginario. 

 

“Hugo Boss, sabes, hizo muchos de estos diseños en su momento”, comenta Waititi del vestuario de Hitler que ahora usa en la actualidad. “La confección fue de muy buena calidad; no escatimaron. Sólo los trajes más finos, burdos, colores mostaza para el hombre más importante”.  

 

El humor en la película proviene de la propia crianza de Waititi; el mismo humor que ha delineado sus filmes, y a una corriente de cine y televisión neozelandesa de la última década. Al haber crecido en Nueva Zelanda, comenta, tuvo una dieta constante de comedia tanto de Inglaterra como de los Estados Unidos. “Me parece que esa combinación ha hecho posible desarrollar el estilo de narrativa que nos define”, comenta. “Espero que sea muy divertida e inteligente a la manera proveniente de Inglaterra. Y espero que sea entretenida de una forma en cuanto a que intentamos hacer algo que sea popular y que sea visto por la mayoría de la gente, al más puro estilo de los Estados Unidos”.

 

“Simplemente me encanta su sentido del humor”, concuerda McKenzie. “Algo del humor en JOJO RABBIT es muy brutal y honesto; no se anda con rodeos con el tema que aborda. Se mete de lleno en él, y esa es la razón por la cual es tan efectivo, a la manera tan inteligente de Taika”.

 

En manos de Waititi, la comedia brinda un punto de acceso para hablar acerca de algo que le preocupa de manera profunda. JOJO RABBIT pudo haber sido desarrollada hace una década, pero para lo que el mundo se ha convertido, su relevancia se ha convertido cada vez más llamativa. “Espero que la gente sienta bondad cuando salga de la sala de cine”, comenta Neal. “Espero que piensen un poco acerca de lo que está sucediendo hoy en el mundo a su alrededor, y cómo se relaciona con lo que pasó en el pasado. También te quedas pensado en tus hijos. ¿Qué clase de mundo les estamos dejando y cómo los estamos formando para la vida?”.

 

Al regresar al tema central del filme, Waititi lo resume: “JOJO RABBIT es una película acerca del amor y la aceptación. Hay niños en el mundo que son programados bajo ideologías de adultos, porque los niños son muy fáciles de programar. Me parece que lo genial con respecto al viaje de Jojo es que es capaz —a través de sus influencias, pero también gracias a su propia voluntad y a lo que experimenta— de profundizar en sí mismo y escapar”.

 

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